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Síndrome del Impostor: Cuando el Éxito Genera Miedo
Psicología

Síndrome del Impostor: Cuando el Éxito Genera Miedo

Psicología
BP
Barbara PargasPsicóloga colegiada
4 de noviembre de 2026·5 min

Cuando te llega un correo de felicitaciones, un mensaje o incluso te lo dicen en una reunión. Sin embargo en lugar de celebrar, puedes sentir un escalofríos, tal vez en tu mente no resuene la satisfacción del deber cumplido, sino una sospecha "fue solo suerte, en cualquier momento se darán cuenta". Así es como se describe el síndrome del impostor.

Síndrome del impostor

Aunque este fenómeno puede aparecer en cualquier etapa de la vida laboral, suele intensificarse tras un ascenso. Al asumir una posición de mayor jerarquía, las reglas del juego cambian de forma drástica. Las responsabilidades técnicas y conocidas dan paso a la gestión de personas, la toma de decisiones bajo incertidumbre y la estrategia a largo plazo.

La ambigüedad propia de este periodo de transición suele interpretarse, de forma errónea, como una falta de capacidad personal. Además, al ingresar a un nuevo círculo con compañeros de amplia trayectoria, la mente tiende a comparar la inexperiencia inicial en el puesto con la solvencia de quienes llevan años en él, amplificando la sensación de no pertenecer a ese lugar.

Puede suceder que también este presente por los trabajos anteriores, la historia de vida o el perfeccionismo.

La interpretación de las situaciones que se viven es importante, las creencias irracionales o las distorsiones te pueden generar mucho malestar. Cuando una persona asume un rol de mayor responsabilidad, su cerebro activa una serie de filtros o distorsiones cognitivas que alteran la realidad objetiva:

  • Sobregeneralización a partir de un error: Un tropiezo menor durante las primeras semanas de trabajo se transforma en una conclusión tajante. Un fallo puntual en un informe se procesa como la prueba definitiva de que la persona no está capacitada para el cargo.
  • Minimización del mérito: Cada felicitación o reconocimiento recibido se descalifica de inmediato. La mente atribuye los buenos resultados al trabajo del equipo, a la casualidad, suerte o a la falta de rigor de quien evalúa, es como negar cualquier peso al talento o al esfuerzo propio.
  • La creencia de que aprender debe ser fácil: Se asume la falsa idea de que la competencia real implica resolver todo sin esfuerzo desde el primer día de forma apresurada y sin tantos rodeos. Sentir fricción o necesitar tiempo para asimilar nuevos procesos se interpreta como una señal de incompetencia, en lugar de un paso natural en el aprendizaje.
  • Exigencia de perfección absoluta: Predomina una regla interna rígida según la cual el único margen de error permitido es cero. Bajo este esquema, cualquier duda o titubeo equivale a un fracaso estrepitoso.

Competencia real y percibida

Existe un contraste marcado entre lo que los datos demuestran y lo que la persona siente. De forma objetiva, las evaluaciones de desempeño, la trayectoria y la confianza depositada por la organización confirman una competencia real. Sin embargo, en el plano subjetivo, la competencia percibida se encuentra por los suelos. Cuando existe un ascenso y síndrome del impostor van de la mano, también el pensamiento o la idea de lo real o lo percibido.

Se puede decir que es una disonancia, el cuerpo reacciona ante la nueva responsabilidad como si se tratara de una amenaza. El cerebro o el cuerpo aumenta el estrés, se presentan los síntomas fisiológicos, la taquicardia, la tensión muscular e incluso la ansiedad constante por el miedo a ser evaluado o no ser suficiente.

Para demostrar la valía o contrarrestar este pensamiento la persona que está experimentando el síndrome del impostor suele llenarse de trabajo, aumentar sus horas laborales o la carga laboral lo que se puede traducir o tener como consecuencia un síndrome del quemado.

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Estrategias que te pueden ayudar

Los pensamientos automáticos pueden estar presentes muchas veces, dudar sobre tu capacidad laboral puede ocurrir, el detalle existe cuando empieza a ser limitante y sabotear todo lo que hagas en tu trabajo.

Este sensación no se quita de la noche a la mañana, tiene que ser con práctica. Puedes tener en cuenta estos puntos para ir disminuyendo los pensamientos automáticos.

  1. Cuestionar los pensamientos: Ante la idea "No sé gestionar este proyecto", resulta útil examinar las pruebas con rigor. Se deben listar los hechos concretos a favor y en contra de esa afirmación. Busca evidencia y no solo interpretación.
  2. Externalizar la crítica interna: Es conveniente distanciar la identidad personal de la voz crítica del impostor. Reconocer esas dudas como un mecanismo automático de protección frente a lo desconocido permite escucharlas con cierta distancia, sin asumir que dicen la verdad sobre la propia capacidad.
  3. Redefinir la excelencia: Conviene sustituir la búsqueda de la perfección por un enfoque de mejora continua. En puestos de liderazgo y alta responsabilidad, equivocarse forma parte del proceso de toma de decisiones; la clave radica en la velocidad de ajuste y el aprendizaje posterior, no en la ausencia de errores. Permítete equivocarte en algunos momentos.

Para que el cambio de perspectiva se consolide en la rutina diaria, es necesario respaldarlo con acciones concretas que reduzcan la culpa y devuelvan la seguridad:

  • Crear un registro de evidencias objetivas: Mantener un documento o cuaderno donde se anoten periódicamente los logros alcanzados, los problemas que puedas resolver y las propias felicitaciones. Los refuerzos positivos son funcionales.
  • Establecer un ritual de cierre de la jornada: Al finalizar el día de trabajo, anotar las prioridades del día siguiente y apagar los dispositivos laborales.
  • Practicar la comunicación transparente: Reconocer que se está en fase de asimilación de nuevos procesos no resta autoridad; al contrario, demuestra madurez y disposición para colaborar.
  • Reconocer el propio esfuerzo de forma explícita: Acostumbrarse a vincular los resultados positivos con las acciones y decisiones tomadas. No se trata de suerte, se trabajo de trabajo y esfuerzo bien sea en equipo o propio.

Cuando existe un ascenso se viene implícito mas responsabilidades y trabajo, y aunque los ascensos alegren también generar miedo y ansiedad. Recuerda que pueden existir dos emociones o dos verdades en un mismo momento.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el síndrome del impostor y por qué ocurre?

Es la sensación persistente de ser un fraude a pesar de tener éxito, donde atribuyes los logros a la suerte en lugar de tus capacidades. Ocurre especialmente en transiciones laborales cuando comparas tu inexperiencia inicial con la experiencia de otros, amplificando la sensación de no pertenecer.

¿El síndrome del impostor es más común después de un ascenso?

Sí, se intensifica tras un ascenso porque las responsabilidades cambian drásticamente: pasas de tareas técnicas conocidas a gestión de personas y toma de decisiones bajo incertidumbre. Esta ambigüedad se interpreta erróneamente como falta de capacidad personal.

¿Cómo afecta el síndrome del impostor al rendimiento laboral?

Genera malestar emocional y puede limitar tu desarrollo profesional, ya que atribuyes falsamente los éxitos a factores externos en lugar de reconocer tu competencia. Esto puede afectar tu confianza en decisiones futuras y tu capacidad de liderazgo.

¿Quiénes son más propensos a sufrir síndrome del impostor?

Aunque puede aparecer en cualquier etapa laboral, es más común en personas perfeccionistas, con baja autoestima, durante cambios de rol o cuando ingresas a entornos con profesionales muy experimentados que usas como referencia.

¿Cómo se puede superar el síndrome del impostor?

Reconociendo y cuestionando las creencias irracionales y distorsiones cognitivas que alimentan este síndrome. Es importante reinterpretar correctamente las situaciones, celebrar logros reales y recordar que la curva de aprendizaje es normal en nuevos roles.

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