¿Alguna vez has intentado ayudar a una persona querida a través de frases como "Cálmate", "No pasa nada"? Si, tu respuesta ha sido "Sí"; continúa leyendo que esto te puede interesar.
Cuando alguien que conocemos o queremos lo está pasando mal por la ansiedad, el primer instinto es casi siempre intentar "resolver" el problema, porque no toleramos verlos mal, sin embargo, en el amplio mundo de la salud mental, las mejores intenciones pueden generar problemas aún mayores, ya que, acompañar no es igual a resolver; a veces simplemente se trata de estar presente. A continuación, explicaré algunas pautas para que puedas convertirte en un lugar seguro y no en una fuente de presión añadida para quienes más queremos.
¿Por qué los 'buenos consejos' agobian más?: Entender cómo la presión del apoyo genera rechazo en quien sufre ansiedad.
Cuando una persona experimenta un pico de ansiedad, su sistema nervioso simpático (encargado de la "lucha" o "huida") se activa por lo que se encuentra en un estado de "alerta máxima"; en este estado su cerebro no tiene la capacidad de razonar de forma lógica, ni de aplicar estrategias de resolución de problemas inmediatamente. Ahora bien, si intentamos ayudar a esta persona con frases como "Pero no pienses en eso" o "Lo que deberías hacer es...", generamos el sentido contrario por dos razones:
- Invalidas su experiencia: La persona puede sentir que lo que les pasa es algo simple y que deberían resolverlo inmediatamente, lo que produce culpa y frustración por no poder lograrlo.
- Añade una demanda/exigencia: La persona ansiosa ahora no solo sentirá ansiedad, sino que también se le suma el peso de tener que cumplir con las expectativas de la persona que le está "ayudando", para no defraudar o decepcionar.
Muchas veces la presión del apoyo genera rechazo; si la persona ansiosa siente que para estar cerca de ti necesita "estar bien o recuperarse rápido", terminará aislandose.
El acompañamiento consciente: Presencia sin invasión, escucha sin soluciones inmediatas.
El acompañamiento consciente es una forma de presencia activa y libre de juicio, que busca conectar profundamente con la experiencia del otro (o de uno mismo), se basa en la corregulación emocional, nuestra calma puede ayudar a calmar el caos del otro; pero para esto es necesario tener en cuenta dos pilares:
- La presencia sin invasión: Estar físicamente (o digitalmente) cerca, pero sin hacer muchas preguntas de forma impulsiva del tipo "¿qué te pasa?, ¿por qué estás así?", a veces vale más sentarse a un ladito en silencio o un "aquí estoy si quieres hablar, y si no, también".
- Escucha sin soluciones inmediatas: Aquí conviene resistir al instinto de dar una solución o respuesta mágica, recuerda es más importante contener que reparar, permite que la persona se desahogue sin juzgarle, no importa si consideras que es racional o irracional.
5 Frases que ayudan vs. 5 frases que generan más ansiedad: Ejemplos prácticos para el día a día.
¿Has escuchado el refrán "Si las personas conocieran el peso de las palabras, le darían más valor a su silencio"?, este apartado tiene mucho que ver con él, ya que, hay palabras que se transforman en un peso, más que en un apoyo. A continuación te muestro algunos ejemplos y cómo cambiarlas a unas más funcionales:
- —"Cálmate, no pasa nada, estás exagerando" cambiar a "Entiendo que te sientas así y que dé miedo, pero aquí estás a salvo".
- "Tienes que poner de tu parte/más fuerza de voluntad" cambiar a "No es necesario poder con todo hoy, vayamos un paso a la vez".
- "Piensa positivo, la vida es bella" cambiar a "Sé que para ti puede verse como un momento horrible, así que te acompañaré mientras pasa".
- Desde un tono de queja "¿Y ahora por qué te pusiste así?" cambiar a, tono amable "¿Hay algo específico que quieres que haga por ti o prefieres que solo esté presente en silencio?".
- "Tienes que distraerte, salgamos de fiesta" cambiar a "Si quieres salir a caminar, te acompaño, si prefieres quedarte en casa te puedo acompañar también".
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Establecer límites propios mientras apoyas: ¿Cómo no absorber la ansiedad del otro ni quemarte emocionalmente?
En psicología se dice "No se puede ayudar a otro si no quiere ser ayudado" y "No puedes ayudar a otro si tú no te encuentras estable"; estas frases recogen la idea de que, primeramente, una ayuda que no es solicitada termina siendo un problema y que no podemos ir por la vida tratando de ayudar a otras personas si nos estamos desmoronando; el desgaste por empatía o burnout del cuidador es real, así que para no absorber la ansiedad o los problemas del otro, ten en cuenta lo siguiente:
- No eres el/la terapeuta de la otra persona: Ten presente el rol que ejerces en la vida de la otra persona (pareja, amigo/a, hermano/a, hijo/a, madre/padre), la responsabilidad de su bienestar no es tuya.
- Protege tu espacio de recarga: Seguir acudiendo al gimnasio, ver a otros amigos o tener momentos de ocio, no te hace egoísta; te mantiene funcional y en equilibrio para poder seguir apoyando.
- Separa tus emociones de las suyas: Puedes empatizar con su malestar sin fundirte en él, utiliza el mantra; "Esto le está pasando a él/ella, yo estoy a salvo y mi rol es ser el ancla, no el barco que se hunde".
¿Cuándo tu rol termina y cuándo es momento de derivar a profesional?: Reconocer tus límites como apoyo.
Reconocer que el amor, el cariño y la empatía no curan un trastorno de ansiedad, no es sinónimo de egoísmo o falta de apoyo, reconocer tus límites no es abandonar, es ser responsable. Es momento de sugerir ayuda profesional cuando, comienzas a notar que esa persona ya no es funcional, es decir, no puede acudir al trabajo, se aisla, tiene cambios en la alimentación y en el sueño, síntomas que mantienen su frecuencia en el tiempo. Cuando aparecen conductas de riesgo como autolesiones, abuso de sustancias para "conseguir alivio" o ideas autodestructivas, o cuando tu salud mental se está deteriorando, comienzas a percibir en ti miedo crónico, frustración constante o resentimiento hacia la otra persona.
A su vez, es importante cómo plantear esta opción, evita el "Estás loco/a, ve al psicólogo", opta por un enfoque de equipo "Me importas y te quiero ver bien, esto supera mi forma de apoyarte, creo que mereces un espacio con un profesional para que te proporcione las herramientas que yo no tengo, estoy dispuesto/a a ayudarte a buscar uno y acompañarte si así lo deseas".
Acompañar a una persona con ansiedad implica entender que no se trata de resolver los problemas del otro, sino de validar sus sensaciones y emociones, al igual que reconocer que no es buena idea intentar sustituir el trabajo de un profesional de la salud mental a través de consejos que pueden hundir más a la persona ansiosa.
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