Depresión: Más Allá de la Tristeza Nocturna
Cada noche, Claudia miraba el techo de su habitación mientras su mente corría en mil direcciones diferentes. No se sentía triste en el sentido convencional; no había lágrimas ni suspiros, sólo una inq
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Cada noche, Claudia miraba el techo de su habitación mientras su mente corría en mil direcciones diferentes. No se sentía triste en el sentido convencional; no había lágrimas ni suspiros, sólo una inq
Silvia, de 29 años, ha amado a Manuel durante dos años. Los latidos de su corazón marcaron noches de insomnio y corazones ansiosos. Mientras él disfrutaba de la calma, Silvia se debatía entre la esper
Ana, una arquitecta de 32 años, siempre había disfrutado de diseñar edificios durante el día, pero cuando caía la noche, la historia era diferente. Lejos de la rutina diurna, los latidos de su corazón
En una noche fría de otoño, Laura, una joven de 28 años, se sentó al borde de su cama, mirando al techo. Los días pasaban y la sensación de no pertenecer a ninguna parte la ahogaba lentamente. En sus
Era lunes. Otra vez. María sintió ese peso familiar en sus hombros antes de salir de la cama. Las noches pasaban en blanco y las mañanas parecían una lucha titánica contra su propio cuerpo que rogaba
Cuando Martín, un joven de 27 años, se despertó aquella mañana fría del mes de diciembre, sintió algo diferente. La noche anterior había llorado como hacía años no lo hacía. Las lágrimas habían fluido
Juan, un ingeniero de 45 años, comenzó a notar que su entusiasmo de antaño estaba desapareciendo. En lugar de disfrutar de las pequeñas cosas, se encontró pasando horas en la cama, despierto, pero ind
Para Clara, cada noche era un desafío. A sus 38 años, todavía recordaba el sonido de la puerta cerrándose con un golpe sordo, una imagen de su infancia que no podía sacudir. Las pesadillas recurrentes
Clara, una analista de 34 años, recuerda con claridad el día que su cuerpo dijo basta. Durante meses había ignorado las señales: una fatiga persistente que ninguna cantidad de sueño parecía aliviar, u
Lucía, con 28 años, acudía a terapia buscando recobrar el sueño perdido. Trabajaba como diseñadora gráfica y las largas noches sin dormir erosionaban su creatividad. Una tarde, durante una sesión, su
Clara tenía 27 años cuando se dio cuenta de que su reflejo en el espejo ya no era el de una persona, sino el de una sombra de sí misma. Tras años de una relación abusiva, su autoestima había quedado h
Clara tenía 29 años y un sueño recurrente: un estante lleno de libros caía sobre ella, cubriéndola con sus páginas. Despertaba jadeante, confundida y sudando frío. Este patrón se repetía cada vez que