Rastros de la Infancia: Trauma y Adicciones
A los 45 años, Elena nunca pensó que los fantasmas de su infancia todavía la perseguirían. Las noches de insomnio y las ansiedades diurnas eran sus compañeros constantes. Una tarde, al borde de la des
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A los 45 años, Elena nunca pensó que los fantasmas de su infancia todavía la perseguirían. Las noches de insomnio y las ansiedades diurnas eran sus compañeros constantes. Una tarde, al borde de la des
Laura, de 28 años, despertaba cada mañana con una lista interminable de trabajo, sonrisas falsas y un constante sentimiento de vacío. Mientras aparentemente su vida se desarrollaba con normalidad, luc
El teléfono vibró con fuerza en la mesa, perturbando el silencio de la habitación. Era otro mensaje de Antonio, el último en una larga lista de hombres que Sofía había conocido. Tenía 35 años y una so
Cuando Laura tenía 28 años, se encontraba atrapada en una espiral descendente. Tras años de abuso emocional, su autoestima estaba devastada. Cada día era una batalla interna, un intento por reconectar
Marta, una ejecutiva de 35 años, solía quedarse hasta tarde en la oficina, respondiendo correos hasta la medianoche. El trabajo era su adicción. Fue una llamada de su médico la que cambió todo: su est
Ana, de 19 años, se encontraba ante uno de los momentos más intimidantes de su vida. Había decidido revelar a su madre una verdad que le había estado quemando en el pecho desde hacía años: es lesbiana
En un rincón del bullicioso centro de Ciudad de México, Camila, una mujer de 28 años, decidió contar su historia. No es la historia de la rebeldía adolescente, sino la de un amor envuelto en miedo. Ca
Clara tenía 16 años cuando conoció a su primer amor, un chico de sonrisa fácil y ojos brillantes. Sin embargo, lo que comenzó como un romance de ensueño rápidamente se convirtió en una dependencia ins
En una lluviosa tarde de junio, Javier, un joven de 27 años, se encontraba en la sala de espera de un centro de terapia. Para él, llegar hasta allí había sido una odisea de resistencia y autodescubrim
El rostro apagado de Carlos, de 28 años, era solo un reflejo de su alma. Durante meses, la vida le había pasado por encima sin que él opusiera resistencia alguna. Fueron sus amigos quienes empezaron a
Claudia siempre había sentido una satisfacción inexplicable al cerrar una jornada laboral llena de tareas cumplidas. Sin embargo, cuando las tareas del día extendieron sus tentáculos hasta su identida
Marcos, de 29 años, no podía explicar exactamente cuándo su vida perdió colores y texturas. Al principio, pensó que la sensación de vacío y la incapacidad de interesarse por cualquier cosa era solo un