Apatía vs Depresión: Cómo Diferenciarlas para Actuar
Muchas veces ocurre que las personas o incluso tú mismo no sientes ganas de hacer nada, incluso te empiezas a preguntar si estas deprimido. También ocurre que existe un desconocimiento o en su defecto la depresión se ha teñido como un estado de animo cuando no es así. No siempre se esta ante un cuadro depresivo, muchas veces la realidad es otra, puede ser una desmotivación, apatía o cansancio.
Diferencia entre apatía y depresión
Aunque en la superficie la apatía y la depresión pueden parecer gemelas, ambas pueden llegar a paralizar, pueden alejar de las rutinas y apagar la motivación, aunque por dentro responden a mecanismos totalmente opuestos. Confundirlas puede llevar a un error sobre como se debe tratar o aplicar estrategias que ayuden a una mejoría.
Para comprender la diferencia primero empezaremos por definirlas.
- La depresión: es, esencialmente, un trastorno del estado de ánimo. En la depresión no solo se ve una falta de acción, también se evidencia un sufrimiento emocional. A nivel neurobiológico, la depresión está profundamente vinculada a una desregulación en los sistemas de neurotransmisores como la serotonina, la noradrenalina y la dopamina, también una alteración en la amígdala cerebral. Esto se traduce en un cerebro hiperconectado con la angustia, el dolor emocional y la rumiación constante.
- La apatía: se define en la clínica como un síndrome caracterizado por una pérdida cuantitativa de la motivación. No es un sufrimiento emocional en sí mismo, sino una ausencia de impulso. Desde la perspectiva neuropsicológica, la apatía refleja una disfunción en los circuitos cortico-estriados, particularmente en la corteza cingulada anterior y el núcleo accumbens. Estos circuitos son los encargados de traducir nuestros deseos en acciones, de evaluar la relación entre el esfuerzo que requiere una tarea y la recompensa que obtendremos.
Ambas pueden presentar una serie de síntomas totalmente distintos, para la persona que experimenta apatía o una depresión mayor la visión de vida también cambia, aunque puedan tener una duración distinta cada una.
Síntomas claves
Existe una serie de síntomas que son necesarios evaluar, son como marcadores fundamentales para trazar una línea clara entre ambas. Estos síntomas son los siguientes
- La motivación: esta se encuentra bloqueada por barreras emocionales, la persona quiere sentir, quiere cumplir, pero la desesperanza, la culpa o el miedo al fracaso lo impiden. En la apatía la motivación no esta bloqueada por el miedo o por la culpa, simplemente no está. No existe una voz interna sino mas bien un silencio conductual.
- La emoción: La depresión es altamente emocional, predomina una tristeza profunda, angustia, irritabilidad, culpa o desesperación. En cambio el sello distintivo de la apatía es el aplanamiento afectivo. No existe un llanto constante, pero tampoco esta una alegría presente, es como una neutralidad o indiferencia ante eventos que normalmente desencadenarían una respuesta emocional.
- La energía y el placer: Cuando esta la depresión presente la persona experimenta anhedonia, que se trata de la incapacidad de sentir placer, junto con la fatiga mental y física. Puede presentarse incluso si realiza una actividad que antes disfrutaba, es como no lograr conectar con la satisfacción. En la apatía, el fenómeno es distinto, si a la persona se le guía, se le acompaña o se le da un empujón inicial para realizar una actividad es capaz de disfrutarla en el momento. El problema no es el disfrute posterior, sino la falta de iniciativa propia.
Es importante destacar que la motivación no siempre esta presente antes, esto también es un error muy común que puede incluso destacarse como propia voluntad. La motivación muchas veces aparece después de realizar la actividad, incluso si no hay una depresión presente.
En los síntomas o las señales que también se pueden observar es la intensidad, la frecuencia y la duración de los puntos anteriormente mencionados.
Es perfectamente comprensible que en casa o en el trabajo ambas condiciones se perciban igual. Desde fuera, tanto el paciente deprimido como el apático pasan horas sentados en el sofá, descuidan sus pendientes y se aíslan de sus seres queridos.
El diagnóstico diferencial que realizamos en el espacio terapéutico requiere mirar más allá de la conducta visible e investigar el mundo interno del paciente:
- La vivencia del propio estado: El paciente deprimido suele sufrir por estar así. Expresa frustración por no poder rendir, se culpa por el impacto de su estado en su familia y busca desesperadamente una salida. Por el contrario, la persona con apatía raramente acude a consulta por iniciativa propia; por lo general, son los familiares quienes la traen, preocupados por su indiferencia. La persona apática suele responder con un “yo me siento bien, no me pasa nada”, porque no experimenta angustia subjetiva.
- El contenido del pensamiento: Mientras que la depresión viene acompañada de rumiación, pensamientos automáticos negativos y autocrítica severa, la apatía se caracteriza por un vacío de pensamiento reactivo o la falta de planes a futuro.
Tanto la apatía como la depresión pueden afectar en la funcionalidad diario de una persona, ambas alteran el rendimiento que se puede presentar en las áreas vitales de vida.
Trabajo y rendimiento
En la depresión, las entregas se retrasan debido a la niebla mental, la lentitud psicomotora y la interferencia de los pensamientos destructivos. La persona sufre por su baja productividad. En la apatía, las tareas se detienen por la falta absoluta de inicio. Si no hay un supervisor o una estructura externa que marque el comienzo, la tarea simplemente no se arranca, aunque no exista sufrimiento por ello.
Relaciones interpersonales
El paciente deprimido puede aislarse porque siente que es una "carga" para los demás o porque la interacción social lo abruma emocionalmente. Hay un retiro defensivo. El paciente con apatía se desconecta de las relaciones porque ha perdido el interés por la vida emocional de los demás; la empatía reactiva disminuye no por malicia, sino por la desconexión afectiva.
Autocuidado
El abandono del aseo personal o de la alimentación en la depresión suele ir ligado a la falta de valía (“no valgo la pena”). En la apatía, se debe a la pérdida de las rutinas automáticas de planificación; si no hay un recordatorio o una estructura, el cuidado personal pasa a un segundo plano por pura inercia.
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Es importante entender que tanto para la apatía como para una depresión la mayor ayuda es una orientación psicológica, también tomar en consideración las variables contextuales ya que la depresión no se explica solamente por alteraciones neurobiológicas.
- Autocuidado: siempre que es posible llevar una alimentación adecuada, horas de sueño y actividades que procuren un bienestar o que sean de tu agrado.
- Mindfulness: Hacer incluso mindfulness informal como contar los pasos, las respiraciones o mindfulness guiado.
- Terapia psicológica: Desde la terapia cognitivo-conductual se puede trabajar una reestructuración cognitiva, así como también la activación conductual para llevar a cabo una motivación.
- Defusión cognitiva: También puede ayudar para los pensamientos negativos y etiquetarlos como eso, pensamientos y eventos mentales, no como la verdad absoluta.
Aprender a diferenciar entre el dolor de la depresión y el silencio de la apatía es el primer acto de empatía hacia nosotros mismos o hacia quienes nos rodean. Ninguna de las dos es una elección personal ni una falta de voluntad; ambas son señales de que nuestro sistema nervioso necesita atención, comprensión y una guía profesional adecuada para volver a ponerse en marcha.
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